Para los griegos, los santuarios de los oráculos eran canales de comunicación directa con los dioses. Los hombres podían hacerse escuchar y, a través de los guardianes sagrados de los templos, recibían contestación de las divinidades. El de Delfos fue el oráculo heleno más famoso y respetado.
El oráculo de delfos ya gozaba de gran prestigio en el siglo viii a.C. Un siglo después, con la construcción del templo de Apolo, la deidad a la que estaba consagrado el lugar, Delfos se transformó en el principal santuario panhelénico. Mensualmente, Apolo, por boca de su sacerdotisa, la Pitia, transmitía sus oráculos a quienes los solicitaban, tradicionalmente en versos hexamétricos. Muchas veces eran enigmáticos, como correspondía al carácter del dios. La importancia de estas consultas está atestiguada por los numerosos tesoros que…
