En unas pocas décadas, la labor de los arqueólogos ha transformado lo que sabíamos de la sociedad romana peninsular. Hallazgos como la estatua de Juno en Regina (Casas de Reina, Badajoz), el Mosaico de los Amores de Castulo (Linares, Jaén), el busto de Baco de Baetulo (Badalona, Barcelona), la Venus de La Alcudia de Ilici (Elche, Alicante), la jarrita ritual de Torreparedones (Baena, Córdoba) o el repertorio de lucernas rituales de Santa Bárbara de Padrões en Castro Verde (Portugal) han revolucionado la arqueología española.
No es casual que todos ellos tengan en común su conexión con el mundo religioso, que subraya algo que los romanos tenían a gala y que recordaba Cicerón: el superar a todos los pueblos del mundo «en piedad y en religiosidad», en pietas y en religio,…
