Desde siempre Nguenechén hizo crecer el Pehuén en grandes bosques, pero al principio las tribus que habitaban esas tierras no comían los piñones porque creían que eran venenosos. Al Pehuén o araucaria lo consideraban árbol sagrado y lo veneraban rezando a su sombra, ofreciéndole regalos: carne, sangre, humo y hasta conversaban con él y le confesaban sus malas acciones. Los frutos los dejaban en el piso sin utilizarlos. Pero ocurrió que en toda la comarca hubo unos años de gran escasez de alimento. Ante esta situación los jóvenes marcharon lejos en busca de bulbos de amancay, hierbas, bayas y raíces. Pero todos volvían con las manos vacías. Pero Nguenechén no los abandonó….; y sucedió, que cuando uno de los jóvenes volvía desalentado, se encontró con un anciano de larga barba…