Conozco una historia que me da esperanza. Es la epopeya de una vida que personifica la polaridad más extrema del comportamiento humano. Nacido hacia el 304 a.C., Asoka era un rey de la India legendario por su crueldad. Cuando llevaba ocho años de gobierno, decidió atacar Kalinga, y la valiente resistencia con la que se topó allí provocó su atrocidad más cruel. Entonces llegó su recompensa: un paseo por el campo de batalla, plagado de muertos.
A lo lejos, un ser andrajoso osaba caminar hacia los vencedores con el cuerpo sin vida de un bebé en sus brazos, una baja del triunfo del emperador. «Oh, poderoso rey —dijo—, tú, capaz de sesgar cientos de miles de vidas a tu antojo, muéstrame tu auténtico poder y resucita a este niño muerto».…
