Al igual que Ícaro en la mitología griega, J. Robert Oppenheimer ambicionaba llegar a lo más alto, a cumbres intelectuales que nadie había alcanzado. Impulsado por su brillantez y determinación, pero también por una juvenil imprudencia, construyó alas hechas de fórmulas, ecuaciones y osadas teorías para elevarse a los cielos del conocimiento.
En su ascenso científico, Oppenheimer no solo se acercó al Sol en términos metafóricos, sino que tocó el núcleo de un poder primordial. La fisión nuclear, que él contribuyó a convertir en un arma, representa una liberación masiva de energía, similar en magnitud, pero diferente en naturaleza, a las reacciones de fusión que ocurren en el Sol y otras estrellas. Sin embargo, ambos procesos, en manos humanas, conllevan un potencial de devastación si no se controlan adecuadamente. Así,…
