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Portugal, todo un mundo por descubrir Aveces se piensa que para vivir emociones hay que viajar lejos. Portugal, nuestro vecino peninsular, lo desmiente desde el primer momento en que se cruza la frontera, sea por aire o por tierra, por carretera o a pie. Se llegue como se llege, el país luso sorprende y cautiva para siempre. En primer lugar por su diversidad de paisajes, que abarcan desde montes tapizados de viñas y pueblos coronados por castillos hasta playas doradas, acantilados rocosos e islas cubiertas de bosques y colmadas de flores. Capítulo aparte merecen las ciudades. La cosmopolita Lisboa, con una mezcla única de encanto popular y patrimonio artístico. Oporto, famosa por sus bodegas, los rabelos que surcan las aguas del Duero y su bellísima estación de tren decorada con…
Lord Byron no encontraba en Europa lugares más sugestivos para la inspiración y el ensueño que Lisboa y Sintra. Más de un siglo después, al viajero moderno no le queda más remedio que darle la razón. Byron decía que la capital portuguesa era «como una visión», concepto que en aquel tiempo era sinónimo de alucinación. Para los viajeros del Romanticismo, la capital portuguesa cumplía todo cuanto requería un lugar para convertirse en la morada de la ensoñación, el delirio y la experiencia interior vinculada a los poderes de la naturaleza y a las variaciones del cielo. El Tajo, con su pujante caudal avanzando hacia su suicidio en el Atlántico, le daba a Lisboa el poder simbólico que buscaban los románticos. La presencia del agua, los cielos a ratos trasparentes, a…
Cambiar de barrio en Lisboa puede convertirse en una pequeña aventura si se toma el ascensor del Carmo, más conocido como Elevador de Santa Justa (Rua do Ouro). El trayecto dura apenas unos minutos y permite subir de la Baixa al barrio del Chiado a bordo de un ascensor de 1902, integrado en una estructura de hierro inspirada en la Torre Eiffel. Tiene 45 m de altura, 8 pisos y una terraza desde la que se contempla el río, la cuadrícula de la Baixa con la plaza del Rossio y del Comercio, y en la colina de enfrente, el castillo de San Jorge. Por su orientación hacia el oeste, la mejor vista se obtiene con las luces del atardecer. Abre todo el año desde las 7.30 hasta las 21 h…
El Tajo emprende sus últimos kilómetros en Lisboa en compañía de edificios que deslumbran por sus dimensiones y atrevimiento arquitectónico. Pertenecen a dos épocas distintas (el siglo XVI y las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI) separadas 500 años, pero unidas por sus ansias de renovación y su mirada hacia el futuro. El barrio de Belém ha sido en ambos periodos el motor del desarrollo arquitectónico lisboeta. El monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém encarnan la expansión marítima portuguesa, reforzada en 1960 con el Monumento de los Descubrimientos. A pocos metros, el Centro Cultural de Belém (CCB), de 1992, promueve la cultura a través de conferencias, conciertos y espectáculos de artes escénicas en un espacio asomado al río, con auditorio, múltiples salas de…
1 Lisboa. Es imprescindible subir al castillo, pasear en tranvía, visitar el monasterio de los Jerónimos, comer un pastéis de Belém, y cenar y escuchar fado en el Barrio Alto. 2 Sintra. Con palacios fantasiosos, hermosos jardines y un encantador núcleo antiguo. 3 Parque Natural de Sintra-Cascais. Comienza en la playa de Cresmina e incluye rincones de gran interés natural como la playa de Guincho y el acantilado de 140 m del Cabo da Roca, el punto más occidental del continente. 4 Estoril. El Casino y el Chalet Barros conservan el aire aristocrático de la población. 5 Costa da Caparica. 30 km de arena. El convento de los Capuchos (siglo xvi) es un excelente mirador de la zona.…
Las siete colinas de Lisboa son, como las de Roma, el origen de sus barrios más antiguos y también una estupenda excusa para recorrer la ciudad y contemplarla desde alguno o varios de los diez miradores que comentamos en esta sección. Después de las vistas toca conocer el alma artística de los lisboetas a través del Museo de Arte Contemporáneo Berardo –de entrada gratuita– o bien disfrutando de la colección del Museo de Azulejos. La visita al Castillo de San Jorge permite, además de admirar una excelente panorámica, explorar dos barrios encantadores: Alfama y Mouraria. Ambos son considerados la cuna del fado, esa música hermanada con el tango y el blues por su melancolía y que puede escucharse de noche en las casas de fados que se describen en el…