De entre las muy diferentes disciplinas deportivas, el motorsport tiene una particularidad que no solo la hace única, mirando de reojo a la hípica, sino que es diametralmente opuesta al resto de competiciones basadas en el enfrentamiento directo. Es la famosa unión entre máquina y piloto, que despierta pasiones entre los aficionados. Un piloto, por bueno que sea, no puede hacer nada sin un coche ganador, y un coche ganador claudicará sin un piloto de garantías. La idiosincrasia tan especial del mundo del motor que impide dilucidar quién es más responsable en los éxitos y fracasos, genera un sinfín de debates en los que nadie tiene la verdad absoluta. No es un mundo justo, y visto lo visto, adoramos que sea así. Una sola carrera puede ser suficiente para saber…
