No hay glamour en las carreras de salinas. Esto no es como la Fórmula 1 en Mónaco, con champán, yates y boutiques de lujo por doquier. Aquí no hay ni rastro de esa vida, sino todo lo contrario. Humildad. El nombre más conocido en la historia de Bonneville, el de Craig Breedlove, resulta familiar debido a una canción de The Beach Boys que lo mencionan, así, de pasada. Nadie se hace rico o famoso destrozando récords de velocidad aquí. De hecho, competir en Bonneville puede llevar a la ruina, literalmente. Aun así, cada año, corredores y mecánicos regresan para desafiar a la gravedad, encargada de poner piedras en el camino para evitar ser el más rápido. Es como una droga, que todos ellos necesitan suministrar a sus cuerpos para ser…