Nos enseñaron a valorar la lealtad, a sostener los vínculos a toda costa, incluso cuando duelen. Pero hay amistades que simplemente terminan. No por falta de cariño, sino porque la vida cambia, las personas se transforman y, a veces, la mejor muestra de amor propio (y también hacia el otro) es saber decir: “hasta aquí”.
Hay amistades que se sienten como un hogar. Y hay otras que, aunque lo fueron alguna vez, ya no lo son. Pero a veces nos cuesta aceptarlo. Insistimos, forzamos conversaciones, planes, respuestas. Justificamos silencios. Intentamos volver a lo que fue, como si pudiéramos retroceder el tiempo con un simple café. Pero no siempre se puede. Más bien, no siempre se debe.
A veces, las amistades se desgastan en silencio. No hay grandes peleas ni traiciones,…
