Aviso a navegantes: esto va muy rápido. Hace cinco minutos era yo la que le robaba la ropa a mi madre, y ahora son mis hijas las que me la roban a mí. Abro el armario y me falta, sobre todo, lo bueno, lo de marca, lo que hace de mi guardarropa un objetivo con cierto interés estratégico. Con el peligro añadido de que existen lugares, en el universo inabarcable de las redes y las aplicaciones, donde es posible comprar y vender prendas usadas a muy buen precio, puesto que el “vintage” está de moda y reciclar es sostenible.
No es que me haya ocurrido a mí, que yo sepa, pero el riesgo es riesgo, amiga. Por eso te lo advierto guiñándote este ojo en plan cómplice. Un día tienes…