A punto de cumplir cincuenta años, Anne Morrow Lindberg se tomó unos días de descanso, sola, en una playa apartada, lejos de su célebre marido y sus cinco hijos. Al principio se dedicó a disfrutar del silencio, tumbada al sol, y a coleccionar las conchas que le dejaban las olas, como regalos, a sus pies.
Después de un par de semanas, sintió la necesidad de poner por escrito sus pensamientos y reflexiones, y de agradecerle al mar el obsequio sencillo y generoso de la soledad acompañada.
‘Regalo del mar’ se publicó en 1955, hace setenta años, y parece haber sido escrito ayer, por una mujer moderna, lista para emprender una etapa nueva, más auténtica y serena. Una mujer que apila las piedras por tamaños: las grandes abajo, las pequeñas arriba,…