CHEFCHAOUEN, CHAOUEN, Xauen a secas… Con cualquiera de los tres nombres, y lo mismo alguno más, aparece indicado este pueblito por la carretera que, al norte de Marruecos, serpentea hacia la cordillera del Rif. De quedarse con el primero de ellos, en bereber significaría “mira los cuernos”, en alusión a los dos rotundos picachos que despuntan sobre el caserío. Su abigarrado entramado de casas cúbicas, encaladas con añil, se encajan cual puzzle unas con otras, resbalándose por las laderas entre un laberinto blanquiazul de escalinatas inundadas de gatos y de vida cotidiana.
Cierto que Chaouen ha crecido bastante en los últimos tiempos y que en temporada alta, dada su proximidad a España, se llena de compatriotas ávidos de un exotismo difícil de concebir tan cerca. Aun así, el pueblo más…
