La historia de la literatura catalana está plagada de nombres –Ramon Llull, Josep Pla, Mercè Rodoreda, Terence Moix, Montserrat Roig, Carmen Laforet…– que han descrito la realidad de sus épocas, sus fantasías y sus inquietudes, tanto en catalán como en español. Esta dualidad ha convivido en algunos de ellos con la fluidez que marca el momento o el sentido, mientras que otros se han mantenido fieles a una sola opción. ¿Qué más da la lengua escogida, cuando lo que trasciende y perdura es el mensaje?
Juan Marsé, por ejemplo, uno de mis favoritos, ha retratado como pocos la idiosincrasia de los catalanes codeándose en sus novelas con todas las clases sociales. Siempre lo hizo en español, alegando, el día que recibió el Premio Cervantes, que era un “escritor catalán que…
