La decoración se vuelve susurro, se vuelve tierra. En un mundo acelerado, los espacios reclaman una pausa, una mirada más atenta a lo esencial. La tendencia actual rescata lo rústico no como estilo, sino como forma de vida: maderas sin tratar, fibras naturales, tejidos nobles y colores que parecen recogidos directamente del paisaje.
Esta armonía orgánica no busca deslumbrar, sino abrazar. Cada objeto, cada textura, cada tono ocre o verde apagado, compone una sinfonía silenciosa que invita al recogimiento. Los materiales se muestran tal como son, sin artificio, con la dignidad de lo imperfecto. Porque en lo irregular también habita la belleza. Los interiores se transforman en refugios donde reina la calma y se percibe la conexión con la naturaleza. Lo artesanal y lo auténtico toman protagonismo, devolviendo el valor…
