1 Una vez cocinado el animal toca ponerse rápido a limpiar bien las cáscaras, retirando con pinzas los restos que hayan podido quedar en los recovecos o en las esquinas.
2 Una vez la pieza esté totalmente limpia de carne, se sumerge en una mezcla de agua con lejía alimentaria, con una proporción que suele ser 50/50. Dependiendo del peso, la pieza debe estar sumergida más o menos tiempo, oscilando entre las 2 y las 24 horas. “En el restaurante tenemos una tabla de tiempos y, según el peso del animal, ya nos hacemos una idea del grosor que tiene la cáscara”. A la hora de decidir el tiempo, también hay que saber qué se está buscando. Si se quiere mantener el color natural, hay que rebajar el tiempo, pero…