En Occidente, fue el médico griego Empédocles quien, hacia el 450 A.C, descubrió cierta sustancia luminosa que se desprendía del cuerpo. Pero fue sólo muchos siglos después, que el famoso médico y alquimista Paracelso volviera a comprobar estas extrañas radicaciones, fotografiadas recién en el siglo XX por Kirlian. Sin embargo, el fenómeno era ya conocido desde hace miles de años en Oriente, donde la cultura india había elaborado una doctrina al respecto denominada Prana. Así, la energía del aura era considerada como parte del cosmos y podía ser desarrollada por medio de la práctica del yoga. Según esta visión, el cuerpo no tiene un aura sino varias y cada una de ellas posee un color que corresponde a la salud, la vida, el karma, el carácter y la vida espiritual…
