Eestamos rodeados de palabras. La gente lee, habla, escucha, reza, hace invocaciones, promesas, recuerda en voz alta, susurra palabras de amor. O grita, austa, amenaza, aclama vanamente, dice cosas que no piensa, repite largos y prometedores discursos incumplibles, miente, descalifica, humilla a otro.
Las palabras, a veces, pueden ser como dioses y dar luz. Como luciérnagas, delante nuestro, iluminando el camino.
También pueden ser diosas y dar vida. Como una oración que cura, una canción, una declaración de amor, una verdad, un poema, una canción que miles repetirán anónimamente sin que su autor lo sepa nunca.
Pero, las palabras también pueden dañar y entonces son dadoras de muerte, dardos de furia. La palabra que agrede, la que miente u oculta, la que no dice nada, la que mata el sentido,…