Cuando los templarios iban a acometer al enemigo, llevaban delante la balza o estandarte de la orden. Los caballeros formaban de dos en dos, armados con sus lanzas y espadas, sin hacer ruido, esperando impávidos e inmóviles al enemigo. Antes de que el contrario reaccionase eran los primeros en acometer, y los últimos en retirarse.
Pocos momentos antes de entrar en acción, el Gran Maestre o los comendadores mandaban tocar las bocinas y atabales de la Orden; y todos juntos entonaban las palabras del profeta David: “NON NOBIS DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM: NO A NOSOTROS SEÑOR, NO A NOSOTROS, SINO A TU NOMBRE DA TODA LA GLORIA”.
Solían enfrentarse al enemigo buscando las alas del ejército contrario, o aquel flanco que consideraban más vulnerable, sin atreverse…
