Desde que la primera estrella encendió su llama, las personas se han esforzado por comprender su entorno.
Como seres humanos, nuestras vidas son experienciales, lo que significa que percibimos el mundo a través de nuestros cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto). Experimentamos a través de, con y gracias a nuestro estado físico de existencia.
A lo largo de muchas civilizaciones antiguas, como Babilonia, Egipto, Grecia, Japón y la India, vemos ejemplos de cómo se han utilizado los elementos para explicar el funcionamiento de nuestro entorno mundial.
En un nivel más profundo, somos una versión más interconectada de la naturaleza que se involucra, actúa, condiciona, aprende y crece a través de una dinámica multifacética de nuestro entorno.
Ha habido innumerables teorías para explicar nuestra coexistencia con la naturaleza y…
