Pocas cosas han escapado al comercio, ni plantas, ni animales, ni recursos naturales, pero que tampoco se hayan librado las momias resulta siniestro y sorprendente.
Las momias, de las que Egipto era un caladero, fueron saqueadas por los árabes, no para comerciar con ellas como restos arqueológicos, sino para obtener un polvo medicinal que, según ellos, tenía varias propiedades curativas, pues acababa con la anemia, con las úlceras y con los dolores de cabeza. En resumen, el polvo de momia servía para entonar el cuerpo y conseguir vitalidad. Pero como las verdaderas momias estaban, además de muy demandadas, muy escondidas, y su saqueo ya había sido importante, llegó el momento de fabricarlas. La práctica ya no era exclusiva de los árabes, también en Occidente se puso de moda lo de…