“Al tercer día, a eso del amanecer, hubo truenos y relámpagos, una espesa nube sobre la montaña y un sonido muy fuerte de trompeta; y todo el pueblo, que estaba en el campamento, temblaba” (Éx.19,16). Moisés se acercó hasta el pie de la montaña, comprobando que Yavé había descendido en medio del fuego. “Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno” (Éx.19,19). Una vez recibió las Tablas de la Ley, el profeta de los israelitas descendió del Sinaí con la cara radiante, tras haber conversado con Yavé. ¿Acaso presentaba quemaduras en su rostro?
Este relato, así como otros extraídos del Éxodo que aluden a una “zarza ardiente”, a una “columna de fuego”, etc., han hecho especular a bastantes ufólogos que, quizá, Moisés fue realmente un contactado que mantuvo encuentros…
