Otras historias surgen del imaginario popular. Se transmiten como reales, cuentos con moraleja, como que los días santos hay que respetarlos para no caer en desgracia, y para no tentar al mal.
En Durango, México, se habla de una chica que, el Viernes Santo (este día, para los satanistas, está considerado como el aniversario del Lucifer) de 1990, fue a pasar la noche a una discoteca de moda de la zona. Allí conoció a un joven muy atractivo, vestido de negro, con el que estuvo bailando. En un momento concreto, todos los asistentes quedaron paralizados sin saber el motivo, rodeados de un hedor azufrado, y sOlo una frase rompió el hechizo: “Ave María Purísima”. La luz se apagó y, al regresar, la joven estaba en shock, con una marca de quemadura…