Es una presencia intensa y dulce a la vez. Penélope está allí: ni grande ni pequeña, hermosa, con una figura con redondeces por aquí y áreas finas por acá, conmovedora como en el cine. Su mirada se pierde por un momento en la nada, mientras que todos se mueven a su alrededor. Peinador, maquillador, fotógrafo, agente… Ella solamente trabaja con sus allegados, y el día pasa sin caprichos ni problemas. Delante de las prendas, la española sabe lo que quiere. “Y esto es lo mejor de lo mejor”, le dice la estilista deslizando los ganchos de las prendas. Aquí nada de que “Penelopi”, como le dicen en Hollywood, ese monstruo que casi la aplasta bajo los éxitos de taquilla sin sabor. Gracias a Pedro Almodóvar, a Asghar Farhadi y a…
