El día en que nació Afrodita los dioses organizaron un gran banquete. Entrada la madrugada, Poros, ebrio y adormecido, buscó cobijo en el jardín para yacer. Penia, una mendiga que limosneaba desde el quicio de la puerta, lo encontró dormido, se tumbó a su lado y concibió así a Eros. Del padre obtuvo el don de la oportunidad, la búsqueda de lo bello y delicado, el ardor, la virilidad, el recurso, la abundancia. Pero Eros es pobre, es sucio, andrajoso, rudo, duerme en el suelo y bajo las estrellas. De Penia heredó la carencia, la vileza, el destino andariego. Ni dios ni humano. Ni mortal ni inmortal. Eros germina y vive, muere y renace. Falta y no falta, perennemente transitando entre la vida, la muerte y la resurrección. Con los…