Enero. Año Nuevo. Es hora de desempolvar la lista de propósitos, ese glorioso manifiesto lleno de aspiraciones que, sinceramente, nadie espera que cumplamos. ¿Qué es más emocionante que escribir una lista de cosas que probablemente nunca haremos? Enero es un folio en blanco, momento de balance, y esto no es nada nuevo. Puede que hayamos arrastrado nuestros malos hábitos durante décadas, pero, de repente, el cambio de año nos llena de una iluminación momentánea que nos hace creer que podemos transformarnos en superhéroes de la disciplina. "Este año, sí o sí, voy al gimnasio todos los días". ¡Claro! Porque todos sabemos que el sofá y Netflix no tienen poder sobre nuestra fuerza de voluntad. Y ni hablar de esa dieta milagrosa que promete transformarnos en modelos de pasarela en tan…