Corría el año 1951 cuando Christian Dior adquirió el castillo de La Colle Noire, su último remanso de paz. Ubicado en Montauroux, al sur de Francia, es, ante todo, una casa-jardín, donde el diseñador expresó toda su pasión por las flores y cultivó su amor por la tierra. Pacientemente restaurado, se convirtió en un lugar dedicado al arte y al buen gusto, que atraía a sus amigos artistas. Sofás tapizados, sillas con estética del siglo XVIII, puertas secretas, espejos neoprovenzales, mucho papel pintado… Hoy en día, en el castillo aún se respira el eco de las espléndidas veladas del supersticioso Dior, celebradas en servicios para doce, ni uno más. En el vestíbulo hay un libro de visitas que encierra entre 200 a 250 firmas de personajes como Picasso, Marc Chagall,…