Amaos unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, nos dice el Evangelio de Juan. Lejos de ello, vivimos en la sociedad del todos contra todos: nos agredimos, recelamos, envidiamos. Hospitalidad y hostilidad van de la mano, siempre juntas. ¿Está la amistad libre de ese fondo de agresividad tan humano? Quizás, cuando es verdadera, presuponga, de hecho, todo lo contrario: una distancia, un límite, un reconocimiento mutuo. “¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando?”, nos pregunta Nietzsche. Por el amigo, continúa diciéndonos, hay que hacer la guerra, y para hacerla “hay que poder ser su enemigo”. Te dirá lo que no quieres oír y estará ahí en los peores momentos. Esos…
