De pronto te ves capturado por un torrente de imágenes. En ellas, su deseo ya no está puesto en ti, sino en otra persona. La preferencia se esfuma, dejas de ser el objeto amado. El lazo erótico que te afirmaba se suelta, emerge la sospecha y, junto a ella, el miedo al abandono. Herida narcisista que viene rápidamente a ser suturada por el reproche, que nos lleva al rencor y que anuncia la cólera. Los celos, como la forma más cruda del amor, están en la base de los actos más terribles, allí donde el afecto y el odio, el cariño y la crueldad, forman una misma cosa. Ante el menor atisbo de esta pasión inconfesable, hoy se nos encomienda a reprimir, a cortar de raíz aquello que es "tóxico",…