A limentos demasiado grasos y demasiado dulces, platos industriales llenos de aromas y conservantes químicos, pesticidas en frutas y vegetales, residuos de medicamentos en la carne y la leche, alcohol, estrés, contaminación ... ¡Alto!
A fuerza de llenarnos de toxinas, el cuerpo se vuelve más pesado, cansado y funciona al ralentí. Los humanos estamos equipados con órganos de “alcantarillado” diseñados para contrarrestar estos efectos secundarios –hígado y riñones filtran los residuos, mientras que los intestinos, la piel y los pulmones los evacuan–, pero todos ellos tienen demasiado trabajo y se saturan. Las toxinas se acumulan, y el resultado es que el cuerpo se debilita y muestra una pérdida de tono, la tez se apaga y aparece la celulitis, además de los granos, el dolor de cabeza, las náuseas, el insomnio,…
