De origen inglés consiguió reposicionar, allá por 2005, Pringle of Scotland, una firma clásica pero, en ese momento, apolillada. Forma parte de esa generación de diseñadores, a la que también pertenecen Stuart Vevers, Peter Copping o Sarah Burton, que durante años estuvieron a la sombra de los grandes (Tom Ford, Marc Jacobs, Ghesquière) y que a medida que la industria de la moda ha dejado de valorar y tolerar la excentricidad y el divismo, castigándolos incluso, han ido ganando posiciones a base de propuestas, por decirlo rápidamente, más asequibles y menos quiméricas. Una cierta visión queer (por no decir directamente gay) de la mujer: exagerada, teatral, objetual, reverencial, amanerada, hiperfemenina, imaginativa, irreal… Esa mujer que defendieron los, por uno u otro motivo, hoy malogrados o defenestrados, Gianni Versace, Alexander McQueen,…
