Me propone María, como remedio contra el estrés, dedicar unos minutos cada día a contemplar el detalle. ¿Cómo es la vajilla en la que comes, el cuadro que colgaste en ese rincón y las rosas que han florecido en la maceta del balcón? Me recomienda un libro, “Los ojos de Mona”, y aprendo a ver los cuadros del Louvre con la atención de esa niña que colecciona imágenes en su memoria, por si llega el día de la oscuridad. Me dice María que las páginas de pueden ser también una buena terapia, que deberían recetarlas en las consultas. Y siguiendo su consejo, me dispongo a pasar los próximos veinte minutos de este día delante de esta imagen, sin pensar en otra cosa que no sea esta portada, la primera del…