Noviembre es un mes muy especial. Comenzamos sus días del calendario con una celebración agridulce: homenajeamos a las mejores personas del mundo (Día de Todos los Santos) y a los que ya no están con recuerdos y sentimientos encontrados… Pero el resto, casi todo el mes, es un mes a la espera de las Navidades.
Además, comienza el frío con mayúsculas, pero todavía nuestros corazones están suspirando por el verano perdido o por la libertad ansiada. Nuestros armarios se llenan de ropa más gruesa, más pesada, para vestirnos capa sobre capa… Medias, botines, blusas, chaqueta, chaquetón, abrigo y bufandas, ¡qué pereza, verdad!
Pues tenemos que dar al mes de noviembre una identidad propia. Me niego a que ni más ni menos que treinta días del año solo sirvan para esperar…