En ninguna ruta jacobea se percibe la omnipresencia del mar con tanta intensidad en sus inicios como en el Camino Inglés. Por una parte, debido a su origen, ya que por esta vía arribaron peregrinos británicos, irlandeses, flamencos, germanos o escandinavos en singladuras no exentas de riesgo; por otra parte, debido a que las primeras jornadas terrestres discurren por el golfo Ártabro, una gran bahía que se articula en cuatro hermosas rías.
En la actualidad, el Camino Inglés dibuja una Y griega hacia Compostela, con dos ramales que comienzan respectivamente en A Coruña, con sus blancas galerías y el milenario icono de la Torre de Hércules, y Ferrol, plaza racional e ilustrada que, en palabras del novelista Torrente Ballester, tuvo la extraña habilidad de ensamblarse en un país mágico.
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