Cuando Simone Rocha presentó su colección en un teatro Victoriano del Palacio Alexandra en Londres, la piel se me enchinó al ver desfilar unas figuras fantasmagóricas que salían de las sombras. La belleza de sus outfits –delicados encajes blancos, holanes rosados y zapatillas de ballet– contrastaba con algo más oscuro, intrigante; en otras palabras, una sensación ominosa. Pero mientras uno podría asumir que este aire siniestro va en contra de la moda, al contrario, ha sido el motor de las obras de los más grandes diseñadores. Los motivos góticos –espejos, fantasmas, autómatas y muñecas– han sido parte fundamental en la imaginación de talentos desde Coco Chanel en adelante.
Hace poco más de un siglo, en 1919, Sigmund Freud escribió su brillante ensayo Lo ominoso, enlazando la emoción de lo incierto…
