El plástico es un material maravilloso. Casi demasiado bueno para ser real. Barato, flexible, impermeable, resistente, moldeable, duradero... Muy duradero. Es tan extraordinario que los humanos nos hemos vuelto adictos a él. Hemos pasado de utilizarlo en algunas cosas en los años 50 -medias, teléfonos, botellas, discos, cepillos de dientes, juguetes y poco más- a emplearlo para todo. Incluso para envolver lo que no hace falta envolver. «En esta cultura del usar y tirar, te encuentras con muchos artículos sobreenvasados, como una mandarina pelada y metida en una bandeja de poliexpán, con un film por encima», apunta Pilar Zorzo, presidenta de la Asociación Española de Basuras Marinas (AEBAM), pintando en pocas palabras algo que vemos cada día en cualquier supermercado. Y remata: «De ahí es de donde viene el problema».…
