Crear un automóvil que cualquiera pudiera adquirir, que cualquiera pudiera conducir y que cualquiera fuese capaz de disfrutar, tanto dentro como fuera de la ciudad. Ése era el reto que Pierre Dreyfus, máximo responsable de Renault a finales de la década de los cincuenta, tenía encima de su mesa. El remedio surgió en 1961 con el nombre de Renault 4, el coche que, como él mismo ordenó, tenía las mismas cualidades que un pantalón vaquero: era igual de funcional y robusto para todos sus públicos, ya fuesen padres y madres de familia, jóvenes en busca de su libertad o profesionales. Una fórmula cuyo éxito se alargó durante tres décadas, aunque no estuvo libre de dudas. Tal fue así que, en 1968, el mismo Dreyfus, preocupado por la idea de que…
