El proceso no fue sencillo. Se congelaron once óvulos: primero lentamente, de 7 ºC a -36 ºC y, después, mediante congelación rápida hasta alcanzar los -196 ºC, antes de almacenarlos en nitrógeno líquido. Ocho semanas más tarde, tras descongelarlos a 37 ºC, se logró implantar con éxito uno de esos óvulos. Nueve meses después, en abril de 1984, en Melbourne (Australia), se reveló al mundo el nacimiento del primer bebé a partir de un óvulo congelado. Todo un hito.
En aquel entonces, la criopreservación de ovocitos se consideraba ciencia ficción. Hoy en día, el número de ciclos de congelación de óvulos aumenta cada año desde 1999, y se ha duplicado con creces desde 2013. Incluso, en algunos países, empresas como Apple y Facebook ofrecen este procedimiento a sus empleadas (y…