La psiquiatra Stanley Turecki y la escritora Leslie Tonner explicaban ya en 1985 en su libro El niño difícil que, según su humor predominante, la intensidad, la capacidad de autocontrol y concentración, el nivel de actividad, la adaptabilidad, su umbral sensorial, la persistencia negativa o el rechazo inicial, podíamos encontrarnos con un niño al que le cueste mucho cambiar de actividad, una niña muy intensa y dramática, un niño al que le molesten los zapatos, una niña que batalla porque no tiene sueño de forma regular, un niño con humor caprichoso o abatido, una niña que de entrada nos dice no a cualquier propuesta, un niño que no para quieto… Pero, como explica la psicóloga Gemma Díaz Ruiz, autora del libro La magia de los niños, “aquí lo importante no…
