Para desarrollarla en niños y adultos, nos podemos centrar en desarrollar buenos hábitos básicos. Para lograrlo, debo conocerme, ¡mirar hacia adentro! Podemos hacernos algunas preguntas: “¿Cómo percibo y juzgo el mundo que me rodea? ¿Tiendo a ser desconfiado, tímido, extrovertido, generoso, envidioso...? ¿Tengo hábitos saludables, es decir, hago ejercicio regular, respeto las horas de sueño que necesito, como una alimentación sana? ¿Sé relacionarme con los demás? ¿Entreno hábitos que consolidan carácter, como el autocontrol, la valentía, la honradez?”. Lo bueno es que podemos adquirir y consolidar buenos hábitos, ¡porque tenemos un cerebro tan entrenable como un músculo!…