Un dolor intenso, profundo, la obligó a abandonar el sueño, a intentar abrir los ojos, despegar los pesados párpados, los labios resecos, la boca pastosa, un sabor amargo en el paladar, una luz blanca y fría abriéndose paso entre sus pestañas, un parpadeo rápido, como el aleteo nervioso de un pájaro, una lágrima contenida escapando y resbalando por la mejilla, las manos entumecidas, los dedos en un vago intento de desperezarse, los brazos sometidos bajo unos cables, el dolor, de nuevo el dolor, frío en sus hombros desnudos, el áspero roce de la sábana en la piel, los pies prisioneros de un incómodo hormigueo, las piernas intentando huir del pesado letargo, el neón indeciso, tiritando, el frío, el intenso frío, el vello erizado, clamando calor, refugio, abrigo, y aquel dolor…
