Se ha puesto de moda calificar a ciertos alimentos (la quinoa, el brócoli, el cacao, la cúrcuma, las semillas, el aceite de oliva virgen extra, entre otros) de «superalimentos» porque tienen una elevada concentración en ciertos nutrientes (antioxidantes, grasas saludables o vitaminas) beneficiosos para la salud. Pero, desde luego, en nutrición la definición técnica de superalimentos no existe.
Muchos de esos alimentos (como el aceite de oliva virgen extra, las legumbres, el brócoli, los cítricos, las nueces o las sardinas) son, o al menos deberían ser, de consumo habitual. En cambio, otros (como el chocolate negro) deben tomarse solo ocasionalmente y otros (la cúrcuma o la quinoa) son importados, y por lo tanto no forman parte de la dieta mediterránea.
En general, detrás de esos supuestos efectos beneficiosos hay más…