Los intereses artísticos y las inquietudes por el patrimonio natural y cultural, presentes desde la infancia en Carlos Pallares Sevilla1 , encontraron firme cauce durante sus estudios de arquitectura.
Rememora a su padre, quiteño, quien, por su trabajo en el Banco de Fomento, se trasladó con su familia a varias ciudades; Carlos tuvo que cambiar de escuela2 , “se sentía extraño en todos los lugares”. Su madre, ambateña, “una mujer encantadora”, trabajadora e ingeniosa, hacía camisas y dulces, cuando era necesario. Dice, con nostalgia, siempre busqué la felicidad; en Ambato fui feliz3 , de niño y joven pasaba, tres meses al año, en Pinllo, en una casa de adobe con la abuela4 , corriendo entre quebradas,cuevas y chozas de palmas,creando historias y juguetes con elementos naturales junto a uno de…