Siendo la arquitectura esencialmente espacio, el lenguaje utilizado por sus arquitectos, lo organiza, lo relaciona, adjetiva los límites, adjetivando el espacio. La organización del espacio interior sigue diferentes patrones, a veces enfatiza su compacidad, otras, lo expande o envuelve un espacio central, recupera tradiciones o inicia nuevas interpretaciones, dando vida a la volumetría. Altera enfoques funcionales convencionales, busca la poética del recorrido, incluye la sorpresa. Según el lugar, la volumetría es compacta o extendida, se adapta a la topografía, se funde o se diferencia de su entorno, pero jamás ignora el paisaje. En la ciudad, unas veces se abstrae y vive hacia el interior, otras, potencia la relación con la calle, buscando continuidades y propiciando encuentros. Trabaja la luz, más allá de lo funcional, para exaltar límites, formas, materiales, texturas…
