La arquitectura es, sin duda, una profesión corresponsable de las dinámicas orgánicas, muchas veces indescifrables y explosivas, de las sociedades que, en sí mismas, son únicas e irrepetibles. La arquitectura, específicamente la planificación urbana, y la sociedad se fusionan, se entrelazan y se cohesionan, determinándose mutuamente.
La teoría marxista plantea que las sociedades, en el trascurso de la historia, se han configurado a partir de unos determinados modos de producción, es decir, a partir de la manera como se articulan las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas. En esta perspectiva, la superestructura, que incluye, por ejemplo, las normas jurídicas, la ideología, la cultura, las formas cómo habitamos el espacio, entre otras dimensiones de la vida social, está condicionada por la manera cómo se organiza la economía y cómo…
