Las fronteras señalan allá donde empieza la alteridad, lo que es diferente de uno mismo, de nosotros, del mundo propio. Nuestra particular casilla en el tablero nos brinda un sentimiento de pertenencia, identidad y seguridad. Concebimos fronteras en diferentes ámbitos (natural, cultural, psicológico, ontológico…), fronteras que tienen su razón de ser y su valor positivo: de ordenación, protección, preservación y definición, pero también de encuentro e integración, de descubrimiento y aprendizaje; fronteras que son firmes y, a la vez, están abiertas al intercambio o al crecimiento, como las biomembranas, las cápsulas de las pupas, los caparazones, las placentas; fronteras que nos amparan, pero son permeables y nutricias, dinámicas, que saben, cuando toca, abrirse, disolverse o romperse. Así mismo, sin embargo, las fronteras se pueden desnaturalizar y endurecer, mostrar su…