Es inconcebible, es extraordinario, es algo
que se graba cada vez más profundamente
en mi alma,
el que Tú estés allí, en silencio, en el sagrario.
Voy a la iglesia por la mañana
y allí te encuentro.
Corro a la iglesia cuando te amo y allí te encuentro.
Paso por allí por casualidad o por costumbre o por respeto,
y allí te encuentro.
Y cada vez me dices una palabra,
me rectificas un sentimiento;
en realidad, vas componiendo con notas diversas
un único canto, que mi corazón sabe de memoria
y que me repite una sola palabra: eterno amor.
¡Oh, Dios! No podías inventar nada mejor.
Ese silencio tuyo en el cual el bullicio de nuestra vida se acalla,
ese palpitar silencioso que absorbe toda lágrima,
ese silencio…
ese silencio…