Si no está dibujando se siente enfermo. Y la idea de no poder hacerlo, o mejor dicho, de no poder re-imaginar todo el mundo con su lápiz, al menos una vez en la vida, le horroriza. Así lo deja en claro, casi como una declaración de principios, este ilustrador australiano, cuyos trabajos se asocian a grandes nombres como Coca-Cola, Dell, Herman Miller o The New York Times, por citar algunos.
Desde el jardín infantil ya le obsesionaban los detalles. Recuerda de esa época, haberse negado a abandonar el dibujo que realizaba en clases para continuar con las otras actividades escolares, hasta no terminar cada mínimo elemento de esa ciudad imaginada, sus casas, personajes y hasta las telarañas.
Detalles que dan cuenta de una imaginación fecunda y una capacidad de observación…