En 1992 nacía Telefèric Sant Cugat, una propuesta pionera que introdujo los pinchos vascos en el corazón del Vallès. Más de tres décadas después, su alma renace con un diseño que honra su origen sin renunciar al presente. El nuevo interiorismo devuelve protagonismo a la barra central, reinterpretada como eje funcional y simbólico, acompañada por una lámpara-copero que ordena y conecta. Las bóvedas acústicas en tonos neutros abrazan el espacio y multiplican su altura, mientras el suelo de terrazo continuo extiende la percepción. El mobiliario, en maderas naturales y tejidos artesanales, refuerza una atmósfera cálida y serena. El arte, parte esencial del alma del local, se despliega cuidadosamente seleccionado para provocar emoción y cercanía. En la terraza, el verde resguarda la intimidad, y la fachada, con su guiño a los…
