Con los macizos de piedra caliza de los Alpes julianos, barrancos, un río esmeralda y 3 000 residentes permanentes, la zona de Trenta-Bovec-Žaga, en el noroeste de Eslovenia, ha sido un santuario para aventureros europeos por mucho tiempo. La región atrajo a mineros en busca de hierro, pastores de ovejas y alpinistas, pero su aislamiento disuadió a muchos de quedarse. Hoy, los proveedores de experiencias le dan nueva vida a este sitio y los viajeros deportivos son los ganadores.
“No conozco otros lugares donde se pueda esquiar, practicar bicicleta de montaña, remar, pescar y volar en parapente el mismo fin de semana de primavera”, dice Petra Vasadi, propietaria de la empresa de rafting Soca Rider. Aunque las visitas aumentan en verano, los senderos en y alrededor de los 838 kilómetros cuadrados…