ALGO TRASCENDENTAL flotaba al sur de Gran Bretaña hace unos 4 500 años, durante los últimos días del Neolítico, el capítulo final de la Edad de Piedra. Sea lo que fuere –celo religioso, valentía, la sensación de un cambio inminente– hechizó a los habitantes y los llevó a un frenesí de construcción de monumentos.
En un periodo sorprendentemente breve –quizá apenas un siglo–, los habitantes, que carecían de herramientas metálicas, caballos y rueda, erigieron muchos de los enormes círculos de piedra, empalizadas colosales y grandes avenidas de rocas erguidas de Gran Bretaña. En el proceso, despojaron a los bosques de sus árboles más grandes y movieron millones de toneladas de tierra.
“Fue como una manía que arrasó el campo, una obsesión que los llevó a construir cada vez más y…